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TE INVITAMOS A LEER EL GALLO FINO COMBATIENTE-AUTORIA RAFAEL MANAS PERDOMO

Riñas de gallos en el Río de la Plata

25 de Noviembre de 2008

Por Rodolfo Parbst

Tan remotas como los juegos de taba y las corridas de toros, las riñas de gallos arribaron a nuestras costas en los pesados galeones de la Conquista y prosperaron hasta que la evolución de las costumbres, las leyes de “protección de animales” y las disposiciones contra los “juegos de apuestas”, comenzaron a desplazarlas y concluyeron con su prohibición absoluta.

Hasta el siglo XVIII existieron en nuestro medio algunas “gálleras” precarias, improvisadas, en realidad, en las proximidades de las pulperías o en las casas de vecinos aficionados, con una duración que no excedía la de las peleas concertadas. Entre los primeros “reñideros” estables se cita el que instaló en 1767, en la ciudad de Buenos Aires, el “gallero” José de Alvarado, cerca de la plaza Monserrat (Manuel Bilbao, Tradiciones argentinas), y existen noticias sobre los trámites que se realizaron en 1785 -en tiempos del virrey del Campo- para la habilitación de una Casa de Gallos, proyecto del que fue ferviente animador el aficionado don Manuel Melián.

Se conoce, también, lo relativo a la habilitación de “reñideros” para “pardos y gente baja, para evitar algunas discusiones que hay en el otro reñidero con los señores”, trámite que no llegó a prosperar pero, que informa con suficiente claridad sobre la existencia de “líneas” de clase y de color.

Durante el período colonial la existencia de las “canchas”, “reñideros” o “casas de gallos” estaba cuidadosamente reglamentada, y las mismas pagaban impuestos especiales, que se destinaban frecuentemente a las llamadas Rentas de Propios y Arbitrios. Entre los “reñideros” que existieron con posterioridad gozó de gran renombre el que poseía el empresario José Rivero en la calle Venezuela, con butacas y amplia gradería de tipo circense.

Para las riñas se empleaban gallos de razas especiales, como la Aseel o Calcuta, de origen indio, la de Brujas (belga), la Inglesa (traída a comienzos del siglo XIX por marineros ingleses, que vendían cada gallo a 30 ó 40 pesos fuertes) y la Malaya; puras o cruzadas entre sí, o con faisanes, para asegurar su ferocidad natural. Se trataba en general de animales de formas magras y estilizadas, de poco peso, cabeza corta, pico ligeramente corvo, ojo vivaz, cogote largo, patas robustas, provistas de fuertes espolones naturales, y plumaje brillante, duro y colorido.

Por el tipo de plumaje se los diferenciaba en giros, blancos, naranjos barbuchos, bataraces, giros reales, colorados, cenizos oscuros, overol, giros negros, congos, torcazos, pintos, giros naranjos, capelos, cenizos giros, etc. Los populares giros se caracterizaban por su reluciente plumaje amarillo oro o rojizo, con reflejos metálicos (en la golilla, dorso y parte de las alas), con zonas negras, o con pintas negras y blancas (en muslos, lomo, rabadilla y cola).

La tenencia y cría de gallos era afición tan extendida como las mismas riñas, y se los podía ver en gallineros humildes o en -las galleras de grandes criadores como los generales Angel Pacheco y Manuel Hornos, el coronel Hilario Lagos, Manuel Gazcón. Juan Salvador Boucau, Carlos María Bazo y muchos otros. La preparación de los gallos para la pelea constituía una verdadera ciencia, que requería el concurso de “compositores” experimentados y responsables. Entresacando información de diversas fuentes y procedencias, trataremos de ofrecer un cuadro sintético de los complejos y concienzudos “aprontes” que precedían a la riña propiamente dicha.

Al gallo seleccionado, por los antecedentes de su padre, por la estridencia de su canto o por sus manifestaciones espontáneas de agresividad se lo mantenía aparte, en lugar limpio y reparado, generalmente sin contacto con las gallinas, para que “juntase fuerza” y para evitar el contagio del “moquillo”, la “pepita” y las “llagas”.

Para mantenerlo en peso -entre las 4 ó 6 libras que debía pesar el día de la pelea- se le racionaban el agua y la alimentación, que según Saubidet consistía principalmente en maíz cuarentón, pizingallo blanco y algo de trigo candeal. Periódicamente se lo purgaba con aceite de castor para limpiarlo de impurezas, y se le suministraban friegas en los muslos con aguardiente o alcohol rebajado.

Una vez en estado comenzaban los “vareos”, que consistían en una serie de ejercicios que había que realizar con mucha paciencia y habilidad para fortalecerle las patas y las alas. En el “voladero”, que era una habitación especialmente dispuesta, se le hacía saltar sobre un cajón y luego se lo arrojaba hacia atrás, en dirección a un bulto de paja o bolsas ubicado a regular distancia, esto último para hacerlo “trabajar” con las alas. En otras ocasiones se lo “manteaba”, dejándolo caer sobre un bulto blando o sobre un catre, con el propósito de que adquiriese fortaleza en las patas; o se lo obligaba a caminar, describiendo un ocho, entre las piernas del “compositor”.

Un aspecto importante del entrenamiento eran Ios “golpeos” y “toreos”, que se realizaban con la participación de otro gallo, al que se designaba en algunas regiones con el nombre de “mártir”.

En Don Fidel y la muerte del general Peyegrini el cuentista jujeño Daniel Ovejero registra, entre otras, esta faz del entrenamiento:

“Cada día de por medio se lo toreaba, ejercicio que consistía en hacer que persiguiera a otro gallo que el toreador tenía en las manos y que esquivaba diestramente cada vez que el toreador iba a alcanzarlo. En el curso del tiempo que duraba el adiestramiento debía ser topado dos veces: el tope era un verdadero combate con otro gallo, pero se forraban cuidadosamente los espolones a fin de evitar las heridas. El primero era duro, o sea largo; el segundo blando, esto es, corto”.

En Buenos Aires al gallo que actuaba como “mártir” en los “topes” o “golpeos” también se le colocaba “piquera” y “vainillas”, para que no dañase con el pico y los “machos” o espolones al animal que debía combatir.

Los gallos recibían nombres muy variados, en relación con su plumaje o con alguna de sus características, pero eran frecuentes los sonoros y marciales, como Kaiser, General, Capitán, o los patrióticos, como General Belgrano y General San Martín, y no faltaban los nombres de políticos, como Alem, Ugarte y Juárez Celman, según noticia del citado Ovejero, con los que se transferían al “reñidero” las tormentas políticas de la época.

El día convenido para la pelea se transportaba al gallo con grandes precauciones, encanastado, enjaulado o simplemente bajo el brazo, con “piquera” y “manea”. Se encargaba del animal el propio “compositor” o bien un “corredor”, que hacía las veces de “segundo” del gallo. En una pequeña balanza se lo pesaba en libras y onzas, según era corriente, y se le calzaban los “puyones” o púas de metal que usaría en el combate. A continuación el juez procedía a revisarlo para descubrir algún posible “moquillo” o treta destinada a aventajar al contrario (aceite en el cogote, “unto”de zorro o león, etc.).

Antes de la pelea se advertía a los presentes sobre el estado de ambos animales, si eran tuertos o “reparados”, si eran “despicados”, esto es con el pico roto, si se trataba de u “pollo” (animal no destroncado y de pata tierna) contra un “jaca”.(destroncado), etc., y se los colocaba en el “reñidero”, cuyo diámetro habitual era de 3,50 m, para dar comienzo al encuentro.

Las apuestas se concertaban de antemano, pero entre los asistentes era frecuente que se aguardasen los primeros momentos de la riña para advertir cuál de los dos gallos era más rico” y acometedor, e inclusive que las apuestas continuasen hasta los lances finales, a favor de sus imprevisibles alternativas.

En la jerga gallera bonaerense existían numerosos modismos para designar las diversas alternativas y lances de la riña. Así, se llamaba “tope” al ataque con las patas, “puñalada” al golpe de púa, y “mordida” a los golpes de pico. “Careo” era el enfrentamiento de ambos gallos, separados por una distancia no mayor de una cuarta. “Llegar a pico” era atacarse los animales con el pico, en los momentos preliminares, y “tiro de crédito” era la maña o golpe, generalmente mortal, que constituía la fama de determinados gallos (una “puñalada de toque” o un “tiro de revoleo”, por ejemplo).

“Salidas” eran las huidas del bicho frente a un ataque a fondo, y se decía que estaba “torcido” cuando se mareaba o fatigaba por el ímpetu del contrario. “Peinar” al gallo era rascarle la cabeza para reanimarlo, maniobra que solo se podía cumplir por indicación del juez; y “hasta rematar” era hacerlo combatir hasta la muerte o fuga del adversario, para lo cual se los “rozaba”, obligándolos a embestirse y “dar pico”.

Cuando uno de los gallos quedaba ciego, por acción de los puazos y “mordidas” recibidos durante el combate, se afirmaba que estaba peleando “a oído” y si esto le ocurría a los dos, como era frecuente, se los introducía en el “tambor”, un recipiente de diámetro reducido que facilitaba el encuentro. Con la voz “tablas” se designaba al empate, y se decía que había “clavado el pico” el gallo derrotado.

Las variadas alternativas de la lucha y la participación no siempre leal de los “corredores” daban lugar, como es natural, a discusiones y protestas que los jueces del reñidero no siempre podían resolver satisfactoriamente. Para ayudarlos en su tarea y fijar, de paso, el patrón a que debía sujetarse el espectáculo, se redactaron varios reglamentos especiales, como el Oficial de 1861, el suscripto en 1870 por el Juez de Paz don Rafael Trelles u otro, que se publicó en La Plata en 1935, a manera de testimonio de la supervivencia casi clandestina del “reñidero”.

El francés Alfred Ebelot consignó, en su libro La Pampa (1890), el espectáculo vibrante y sangriento de la “gallera” rural. En nuestra literatura tocaron el tema, entre otros, Leopoldo Lugones (el capítulo “Jarana” de La guerra gaucha), Ricardo Güiraldes (Don Segundo Sombra, capitulo XIII), el ya mencionado Daniel Ovejero y Luis Franco, que lo aborda en su recomendable Desquite.

Por Rodolfo Parbst

 

El gallo de oro, Cine y literatura

 

"El gallo de oro" nos cuenta la historía de Dioniso, un pobre méxicano que recibe después de una pelea de gallos, el gallo perdedor, casi muerto, pero que, gracias a los cuidados de Dioniso, va a recobrar la salud. Hasta volver a ser un gallo casi invencible. Pero, para Dioniso, si el gallo gana todas las peleas, está gracias a "La Caponera", una mujer cautivadora que canta justo antes de todas la peleas. El amante de "La Caponera", codicioso, quiere más que todo comprar este gallo de oro ; Dioniso no lo quiere vender, pero deberá seguir la mujer... Su destino siendo vinculado al del gallo.
Una película basada en la novela "El gallo de oro" del méxicano Juan Rulfo, con un guión escrito por Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez ; una película con una grande moraleja, y que trata de antiguas costumbres méxicanas : durante las fiestas, las peleas de gallos. Una trama muy interesante.
CLIC AQUI PARA ESCUCHAR

                                                  Audiolibro - El caballero Carmelo

 

 


Ahora les dejo un libro peruano llamado "El Caballero Carmelo"

Aunque la historia central del cuento es la pelea entre dos gallos famosos: el Ajiseco y el caballero Carmelo, acaso lo más bello de la historia sea la delicada y melancólica pintura del pueblo de pescadores de San Andrés donde aquel combate ocurre. La historia está narrada desde la perspectiva de un niño y en ella aparecen las costumbres del pueblo, la vida familiar, las comidas y las diversiones que rodeaban a los combates de gallos en una improvisada gallera desde cuyas tribunas se escucha el rumor del mar.

OTRO LIBRO QUE TE INVITAMOS A QUE LEAS
GALLOS DE PELEA

 

 

   



 

 

Generalidades
Razas de gallos de pelea
Instalaciones y equipo
Manejo reproductivo
Crianza de pollones
Preparación del gallo
Alimentación
Sanidad

 

Reseña: La serie Agronegocios está dirigida a aquellos que desean iniciar un negocio agropecuario, o bien, para quienes quieren crecer o mejorar el que ya tienen. Esta serie abarca una gran cantidad de oportunidades para desarrollar la micro, pequeña y mediana empresa del ramo agrícola y pecuario, así como el procesamiento de alimentos y turismo rural.

Toda la serie está escrita en un lenguaje sencillo y fácil, completamente ilustrada y con instrucciones fáciles de seguir. Cada título ofrece al lector una herramienta para formar, desarrollar o fortalecer un negocio agropecuario teniendo como meta el éxito en cada proyecto. Ha sido desarrollada por expertos en cada tema y es avalada por el Centro de Estudios Agropecuarios.

 

Autor: Karl Friedich Neumann
Nicolás Grepe (Editor)

Editorial: Grupo Editorial Iberoamérica S. A. de C.V.
Centro de Estudios Agropecuarios (México)
Fecha de edición: 2001

ISBN: 9706252517

Colección: Agronegocios

Formato: Libro

Terminado: Rústica

Tamaño: 15.5 x 22.5 cm.

Número de páginas: 85

 

Pelea de gallos en el Circo Cuyás. Fedac.

POLLOS Y JACAS

 

De gallos con Alfonso Canella. Rev. Nº 112

Sábado, 08 de Julio de 2006
Autor: Antonio Henríquez Jiménez

 

El libro Pollos y jacas... es una muestra de la pasión gallística vivida en Canarias durante parte del siglo XIX y el siglo XX. Este asturiano de Oviedo afincado en las Islas desde 1918 se llegó a entusiasmar con las peleas de gallos de tal manera que sus crónicas (1934-1939) en el Diario de Las Palmas son un modelo de canariedad y un ejemplo de arte. Pérez Corrales no deja de referirse al final de su introducción, y en alguna otra parte del libro, a los grupos que van contra las riñas de gallos y a los que se rasgan las vestiduras por una actividad políticamente incorrecta, que tanto entusiasmó a nuestros abuelos y bisabuelos, y cuyo brillante pase al papel por parte de Canella nos da una idea del entusiasmo que levantaba.

 

Ergot (Alfonso Canella).- Pollos y Jacas. Crónicas gallísticas. Circo Cuyás, 1934-1939. Introducción, selección y notas de Miguel Pérez Corrales, Tenerife, Colección espuela y fiscorno, 2006.


Es de reciente aparición este libro de Miguel Pérez Corrales, catedrático de Literatura de la Universidad de La Laguna. Quien nos tiene acostumbrado a los estudios del surrealismo canario se viene enfrentando desde hace un tiempo en el rescate de unas formas de escritura, las crónicas de gallos, tan cercanas al mundo del surrealismo. Gracias a su atenta mirada, esas notas periodísticas consideradas de segunda categoría nos revelan un mundo lingüístico lleno de sorpresas, a la par que el entramado significativo de una actividad lúdica que llenó muchas horas de nuestros abuelos.

No muy lejana es la publicación por el mismo autor, en la misma colección "espuela y fiscorno", del folleto Mulato de San Miguel. Campeón canario. Año de 1915, la historia de un gallo orotavense (2005); y de la edición, introducción y estudios del libro Memorias gallísticas (1897-1926), de Francisco Dorta Martín, Pancho "el Músico" (2005). De próxima aparición nos anuncia un Diccionario gallístico del Archipiélago Canario.

En el libro se rescatan 22 crónicas gallísticas de Ergot, pseudónimo del profesor de Francés de la Escuela de Altos Estudios Mercantiles de Las Palmas, de la Escuela Normal de Magisterio y de la de Peritos Industriales de la misma ciudad. Alfonso Canella publicó un Manual de Lengua Francesa, y artículos de opinión sobre educación en la prensa de Las Palmas.

El libro Pollos y jacas... es una muestra de la pasión gallística vivida en Canarias durante parte del siglo XIX y el siglo XX. Este asturiano de Oviedo afincado en las Islas desde 1918 se llegó a entusiasmar con las peleas de gallos de tal manera que sus crónicas (1934-1939) en el Diario de Las Palmas son un modelo de canariedad y un ejemplo de arte. Alfonso Canella se integró plenamente en la sociedad de adopción, llegando, además de la participación en la prensa de la Isla en temas de su profesión, a presentarse a la candidatura del Partido Liberal de Romanones, liderado aquí por José Mesa y López, en 1920.

Sería interesante indagar si no venía ya inoculado de su Oviedo natal por la pasión gallística. En el Principado se celebraban también peleas de gallos en cierta "Casa Manolo" de Oviedo. Es de renombre una gallera en el Campo de los Patos de la misma ciudad, que subsistió hasta la guerra civil. En una reseña de 1935, la última de la temporada, de la cual Pérez Corrales transcribe un fragmento, afirma: "Yo hace muchos años que veo peleas".

Como conocedor de la lengua francesa, eligió la palabra ergot (espolón) para firmar sus crónicas. De cómo llegó a Canarias, de sus actividades, en fin, de su vida, nos habla Pérez Corrales en el Prólogo del libro. Su buen hacer parece que prendió en sus hijos. El que yo conozco, Carlos, es persona que, sin dedicarse a las letras, como su padre, siempre ha estado presente en actividades del espíritu. Lo recuerdo asistiendo a las clases de Paleografía de don Agustín Millares Carlo, o en sus muy frecuentes visitas a El Museo Canario, la mayor parte de las veces con libros de su biblioteca que entregaba en donación a la de la institución centenaria. Alguno de sus hijos se dedica a actividades bibliotecarias.

Califica el estudioso Pérez Corrales las prosas de las crónicas gallísticas de Canella como llenas de "gracia" y "arte consumado", "de gran vuelo imaginativo, calidades literarias ostensibles y un humor a veces peregrino y a veces hilarante, pero siempre inteligente". Habla del entorno en el que se desarrollaron las peleas reseñadas: el teatro circo Cuyás, "el mejor escenario gallístico que ha habido nunca" (ahora la gallera de Las Palmas se encuentra en el polideportivo López Socas, algo escondida, como todas las galleras, a las reseñas periodísticas quizás por los ataques de grupos que miran las peleas o riñas de gallos como vejatorias para los animales). Allí peleaban, sobre todo, los gallos de Triana y los de San José, objeto de la mayoría de las reseñas presentadas. Pérez Corrales no deja de referirse al final de su introducción, y en alguna otra parte del libro, a los grupos que van contra las riñas de gallos y a los que se rasgan las vestiduras por una actividad políticamente incorrecta, que tanto entusiasmó a nuestros abuelos y bisabuelos, y cuyo brillante pase al papel por parte de Canella nos da una idea del entusiasmo que levantaba.

Lo normal era que escribiera sobre las peleas de gallos un "casteador" (preparador y cruzador de los gallos de pelea). Lo eran los cronistas Pedro Cárdenes, Fermín Romero Montenegro y "El Brujo". Y supongo que también los firmantes de crónicas de El Noticiero (El Pifión), El Tribuno (Lazarillo, Heleagui), La Jornada (Zich), La Provincia (Patarrasa, Zurro); Lazarillo repite en El Liberal.

Canella era "un simple espectador"; su crónica se limita a los datos del programa, que sólo solían informar del dueño del gallo y no del "casteador". Logra "trascender el género de la crónica periodística hasta llegar al logro de la página o el pasaje con valor de escritura en sí misma". Sus crónicas, comparadas con las de otros autores, se nos aparecen como las más imparciales y están teñidas por sus múltiples conocimientos, entre ellos el de las corridas de toros, y de otros entretenimientos, juegos y deportes de la época, algunos de cuyos términos específicos traslada a sus crónicas gallísticas. Parece que traspasa al texto el ritmo de las peleas, muchas veces frenéticas; el ánimo de los asistentes, con hipérboles de entusiasmo o metáforas de las que se ayuda para decir lo casi imposible de nombrar; o chistes gruesos de fina ironía; o los juegos de palabras felices; o la creación de iguales neologismos. Concluye el compilador de las crónicas apuntando a la manera de escribir de Agustín Espinosa. Canella se vale de todo tipo de alusiones para explicar al lector lo que ha visto en la gallera: alusiones a películas de la época, políticos, médicos célebres...

 

El compilador presenta la selección de crónicas año por año con una introducción, donde comenta lo más sobresaliente de las mismas, dando noticias y ejemplos de las no seleccionadas. En la introducción a las crónicas de 1934, lo vemos cantor de nuestros deportes antiguos: los balandros, las luchadas, las riñas de gallos.

Por estas crónicas me entero de que los aficionados jaleaban a los gallos con oles, como en los toros, pero a la canaria supongo, sin ponerle acento. En la primera crónica vemos a Canella parodiando al Tenorio zorrillesco, poniendo en boca del gallo matador unas palabras del protagonista. Para decir que un gallo ha pasado de un castador a otro emplea la frase "pasando luego para los estudios superiores a la clase de don Francisco Dorta". Este trasvase al mundo de la enseñanza aparecerá en otras crónicas. Matarifes son llamados en un cierto momento los dos gallos contendientes. Hipérbole curiosa: "Si hubiera que coserlos, no bastarían diez sastres". Afiambrar es un término empleado por 'dejar muerto'. En esta crónica, emplea la palabra inglesa season, la expresión latina ad hoc, diciendo que no sabe bien lo que significa; y la frase latina ad patres in aeternum, advirtiendo que le "están saliendo muy bien estas declaraciones en inglés". Hay una "ovación de fantasía árabe". Más adelante aparecen el vocablo italiano vendetta, la expresión francesa corps à corps, el italiano regional cutello; y el francés après y el inglés score. El autor se ha divertido de lo lindo en toda la crónica, dejando a muchos lectores con la boca abierta, o yendo a los diccionarios, si tenían esa posibilidad. Este empleo de palabras de otros idiomas, y todos los recursos enumerados, los vemos también en otras crónicas.

En la crónica siguiente, asiste una demoiselle "sin sostén"; y un "distinguido sportman" que le devuelve noblemente los seis reales que le había dado creyendo que su gallo (el de San José) había perdido. El gallo trianero le quitó al de San José "el barlovento a media travesía". Ambos emprenden la huida, "después de hacer testamento". Alude a la película King-Kong que asustaba "a los niños allí al lado", en el Cine Cuyás, o Teatro Cine de Cuyás. Casi al acabar esta crónica, "Le jour de gloire est arrivé! -me dice mademoiselle Mi-vêtue."

En otra crónica nombra de muchas maneras los dineros que apuesta. En otra, se mete en el cuerpo de uno de los gallos que pelean y desde allí informa a los lectores. En otra, no tiene empacho en citar a su antiguo jefe de filas, Romanones, al aludir a la cojera de algún gallo.

Cada crónica es un pequeño cosmos, con referencias exteriores al mundo de las peleas, pero que cuadran bien para explicar estas. La lectura del libro proporciona una gran gozada. Como Alonso Quesada que hizo en sus crónicas sobre la sociedad isleña de su época alta literatura, así Ergot sobre las peleas de gallos.

Mucha gente joven, y no tan joven, no habrá leído jamás sobre las peleas de gallos. Esta es una ocasión para enterarse de esa manifestación que tanto caló en nuestra sociedad. Su lectura no les dejará indiferentes, de seguro, pues los textos tienen ingredientes para satisfacer al más exigente.

LAS PELEAS DE GALLOS

LAS PELEAS DE GALLOS
Sarabia , María Justina

 

Resumen

te a Inglaterra, Francia y España, para más tarde cruzar el océano Atlántico y llegar desde México hasta América del Sur y el caribe. Posteriormente, un amplio recuento de las peleas de gallos en América durante los siglos XVI y XVII, abarcando pasajes históricos que dan cuenta de la llegada de las primeras aves domesticas al nuevo mundo. La tercera parte trata sobre la relación entre las peleas de gallos y la postura oficial de los gobiernos en permitir o prohibir dichos eventos a través de una interesante explicación que abarca las etapas comprendidas a partir del año 1724 hasta 1786. La cuarta parte está dedicada a mostrar la afición por las peleas de gallos que actualmente se vive en América latina, incluye fotografías de los criaderos más importantes en el continente, fotografías de gallos de pelea en plena acción. Mención aparte merece la revisión sobre la literatura, una investigación que incluye canciones, poesías, novelas y cuentos. La quinta parte refiere a los aspectos técnicos y de organización de las peleas, la cartilla o ley para las peleas de gallos y un compendio sobre voces y frases usadas durante las peleas. Por último, se ofrece un compendio bibliográfico y una lista de páginas WEB relacionadas con la historia en distintos países del continente americano y europeo.


Contenidos

Introducción - I. ANTIGÜEDAD Y EXPANSIÓN DE LAS PELEAS DE GALLOS EN ASIA Y EUROPA - Origen y primeros tiempos asiáticos - Las peleas de gallos en la Europa de la antigüedad Cockfighting, combat de coqs, peleas de gallos en Europa (Siglos XV al XX) - Inglaterra - Francia - España II. EL JUEGO DE GALLOS EN AMÉRICA DURANTE LOS SIGLOS XVI -XVII - El paso de esta diversión a las indias Expansión del juego en el siglo XVII - Entre organización y la prohibición de jugar gallos (México, 1650-1700) III. LOS GALLOS DE PELEA, DIVERSIÓN Y RENTA OFICIAL EN LA AMÉRICA BORBÓNICA - México - Perú - El caribe: Cuba y Puerto Rico - Otros países latinoamericanos -IV. LA AFICIÓN A LOS GALLOS DE PELEA EN LA AMÉRICA CONTEMPORÁNEA - Políticos y galleros famosos - Negocio, diversión y pasión por la cría y peleas de gallos - Las peleas de gallos en el cine, la canción y la literatura - V. OTROS ASPECTOS DEL JUEGO Y DE LOS GALLOS EN TIERRAS AMERICANAS A TRAVÉS DE SU HISTORIA - Formas y tipos del juego.